Te amo - me dijo.
Yo también - respondí rápidamente.
Pero no, no debí.
Ese no era un "Te amo" normal.
No de "buenas noches", ni de
"buenos días" o "nos vemos después".
Te amo mucho, mucho, mucho- ... -Nunca es
demasiado-.
Lloraba.
Ese no era un "Te amo" normal.
Me desvanecí junto a ella entre besos
sufridos, miradas tristes, abrazos que te hacían sentir que te entregaban su
más sentido pésame.
Por la ventana nos iluminaban apenas las
luces del estadio. Cuando se apagaron nos hundimos en nuestra propia neblina.
Yo lloraba.
Le rogué que no me dejara solo, ya he
muerto muchas veces al verla llorar. Tantas vidas se me han escapado entre esas
lágrimas.
Me fui de esa habitación teñida en una
triste escala de grises, ya muy tarde, debía volver a casa, el viento
atravesaba mis huesos a esa hora. Caminé fumando un cigarro y la presión era
cada vez menor, y así, se congelaron mis ojos por un momento.
Ah! Sí…
Como siempre, la velada terminó entre
risas y varios “Hasta luego!”
No hay comentarios:
Publicar un comentario